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Fenix Studio
Un ex jefe que tuve en una redacción me decía que después del tercer número es dónde se ve si la publicación sigue o no. Pero en este caso vamos a omitir este mensaje para contarle al mundo que en Córdoba una revista va por su tercer número sin tener publicidad de ningún tipo, sustentada solamente por la venta a gente que busca cosas nuevas y por las ganas, los testículos y el sudor de su creador llamado Iván Ferreyra.
La revista Polosecki* no tiene chicas desnudas, no habla del rating de la televisión ni tiene en tapa la dieta que te hace bajar diez kilos antes del verano. Esa que te permite mostrar un cuerpo escultural en la playa mientras pensás en las cuotas del viaje y de todo lo que debés por la gran cantidad de feriados que tuvo este año y en los que vos, sea cual fuere el sexo, te fuiste de la ciudad en la que vivís para mostrarle a tu vecino que la era K es lo mejor que te pasó en la vida. Sino que trae textos de escritores conocidos, otros no tanto e ignotos.
Mientras pensaba en esta columna se me venía a la cabeza que mucho antes de la aparición de las redes sociales en un mundo que actualmente posee siete mil millones de habitantes, cuando te presentaban a alguien vos tenías a través de no sé quién una conexión con esta persona. Es decir, que mucho antes de que Facebook se metiera en tu casa, y vos te arrancaras los pelos porque no podes cerrar una idea en 140 caracteres para el Twitter, cuando me presentaron a Iván Ferreyra, había de por medio en la charla un montón de amigos en común.
Iván Ferreyra, el N2, es un escritor de Córdoba que tiene varios libros publicados y que pasa la mayor parte del tiempo generando blogs, posteando cosas interesantes o no tanto por lo que uno puede ver en la cantidad de respuestas que obtiene en cada participación en las redes sociales, pero que siempre me tuvo en cuenta y por el cual sin ser su amigo del alma, infancia o de vicios varios participé en todos los eventos, publicaciones y delirios que realizó.
Nunca le pregunté por qué arriesgaba plata que muchas veces necesita más que los humanos al agua o por qué no se quedaba tranquilo con los libros que escribía. Tampoco hablamos de nada que no fuera el texto o el material con el que iba a participar en lo que estaba organizando. Pero tal vez creo que eso es lo que menos les interesa a ustedes, lectores de esta columna.
Lo más importante es que la revista que salió de la cabeza de Iván Ferreyra llega este mes de noviembre al tercer número consecutivo y es ahora cuando los detractores del N2 quieren que se caiga y los que lo seguimos a muerte queremos que siga, porque muchos de los que lo critican son los que no hacen nada o solo realizan algo cuando tienen todo servido. En caso de que se llegue al número cuatro el éxito no va a ser exclusivo de Iván sino de todos los lectores que en cada aparición pusieron el dinero correspondiente para llevarse la revista a sus casas.
A modo arbitrario, y como cierre de esta columna, les dejo mi primera nota para Polosecki, en la que narro mi encuentro con la persona que acabó con su vida arrojándose a las vías del tren y que dejó un legado inolvidable para todos los que alguna vez queremos escribir o narrar una historia de una manera diferente. Espero que la disfruten:
Una campera de cuero y una ginebra
La primera vez que tomé ginebra fue en el primer show de Las Pelotas. Estaba en el camarín con la banda. Germán Daffunchio abrió una botella y brindó por el espíritu de Luca. Tomé un sorbo y fue como si Prodan reviviera en ese lugar.
La segunda fue cuando mi amigo Fernando D´Addario, editor del suplemento espectáculos de Página 12, en aquel entonces, un periodista de ese diario, me presentó a un tal Polo. ¨Cuando era adolescente fuimos a lo de las locas en bicicleta. Yo llevé a un amigo en el manubrio porque no tenía portaequipaje¨, conté yo riéndome de la travesura. Polo no esgrimió una sonrisa. Venía de hacer un informe sobre las chicas que cobran por darte placer. El que hablaba era su camarógrafo. Polo, al igual que Luca, tomaba ginebra. Luca vino a la Argentina escapando de la heroína, pero ella en este país también lo encontró.
Polo escapaba de ser reconocido. Tal vez, los tormentos que tenía de niño, de grande o qué puta madre lo llevó a arrojarse debajo de un tren. Tanto Luca como Polo usaban campera de cuero negra. Yo nunca le conté a Polo que había conocido a Luca Prodan en Mar del Plata. En un recital que organizó el actual ministro de economía de Cristina Fernández de Kirchner. Tampoco le pregunté a Polosecki si había conocido al líder de Sumo. Luca murió un 22 de diciembre y Fabián un 3 del mismo mes. Nueve años separan ambas muertes.
La tercera vez que tomo ginebra es en estos momentos. En el que estoy escribiendo esta especie de nota y recordando lo callado que era Polo. Se lo hice saber a una persona que estaba en la mesa del bar. ¨Está cansado¨, me dijo. Segundos más tarde llegó un actor que no era conocido. Era Pablo Echarri. El lugar dónde estábamos reunidos era de él.
*Fabián Polosecki fue un gran periodista que marcó en los ’90 la forma de hacer televisión; a la gente joven le cuento que todos los programas que hizo Gastón Pauls con temática social están basados, para no decir copiados, en El Otro Lado y El Visitante, dos envíos que se emitían por lo que es ahora la Televisión Pública.