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Fenix Studio
Qué genios que son los tipos que organizan la prensa y la venta de un espectáculo. Muchas veces ellos, en concordancia con los productores, venden algo que ni siquiera saben que compraron. Esto viene a cuenta de la visita de Duff McKagan que era anunciada como un paso por Córdoba para deleitar a los que abonaran tan gentilmente la cifra cercana a los doscientos pesos que valía el ticket con canciones de los Guns, Velvet Revolver y Jane´s Addiction, todas ex bandas por las que pasó el platinado bajista. Pero nada de esto sucedió. Duff McKagan tocó temas de Loaded, su actual proyecto, y dio cátedra de lo que tiene que ser un show de rock en espacios reducidos y cerrados. Es decir: banda pelada, con una guitarra filosa e hiriente, una guitarra rítimica y una base que te golpee el hígado hasta dejarte knock out. Sin pantallas ni nada que interfiera la visión. Sonido que descose los bafles, bien ecualizado y el público oliendo el sudor de los músicos que estaban dejando todo en el escenario. Si esto no es rock, el rock dónde está.
McKagan demostró que está intacto, que Misfits, The Damned fueron algunas de sus influencias al reversionar una canción de cada uno de los grupos recientemente mencionados, y que Neurotic Outsiders, la banda que lo tenia entre sus integrantes junto al ex Sex Pistols, Steve Jones, sigue estando presente en su cabeza.
En el medio del show y antes de dar paso a un breve set acústico, McKagan se enojó con uno de los presentes que con una tablet seguía cada uno de sus pasos. La famosa arenga caló hondo en el público, y fue que, en lugar de seguirlo de ese modo, disfrutara del show, de la energía que había en el recinto y que haciendo eso se estaba perdiendo la mejor parte: pasarla bien. Sabias palabras y consejos para un fan que dejó de serlo.
Muchas veces estas experiencias rockeras, para un público joven y ávido de nuevas sensaciones, son un camino de ida de difícil retorno porque después de un show de estas propiedades no queda nada más por ver en una ciudad que no se caracteriza por grandes visitas internacionales en este estilo de música. Solo queda el abismo entre Loaded y una banda nacional que tiene fama de primera línea. Solo queda la desolación al saber que a Buenos Aires vienen bandas de primer nivel y que solo tener un buen respaldo económico puede hacer posible transitar la distancia que separa ambas ciudades para poder concurrir.
La lluvia inicial que bendecía a los pocos bienaventurados que se habían dado cita a este evento rockero, se transformó en diluvio a la salida para purificar a los pecadores que muchas veces hablan en nombre del rock y no se dieron cuenta de lo que venía y se perdieron.
El rock aglutina a todos los que quieran estar, no discrimina, pero a la larga pasa factura. Los leales a él sobrevivirán y perdurarán en el tiempo. Los falsos seguirán otro camino y verán lo que es el rock a través de una tablet. Nada más real que el famoso Enjoy the show que Duff McKagan bajó desde el escenario. El show continúa.