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Dos pesos pesados noquearon Racing Club

Judas Priest y Whitesnake sacudieron Buenos Aires.
Fotos (4)
Judas Priest en Buenos Aires. Fotografía: Segismundo Trivero
Judas Priest en Buenos Aires. Fotografía: Segismundo Trivero
Judas Priest en Buenos Aires. Fotografía: Segismundo Trivero
Judas Priest en Buenos Aires. Fotografía: Segismundo Trivero
 
  • T: Ramiro Sángari

Día soleado pero con mucho viento en Avellaneda, el encuentro era en la cancha de Racing, donde unas 35.000 personas se darían cita para volver a ver a estos dos colosos ingleses que ya habían tocado juntos en nuestro país en 2005.

A las 16 hs. abrieron las puertas del estadio y cerca de las 17.15, Lovorne, la banda de Luciano Napolitano, se encargaba de romper el hielo. Aprovecharon al máximo los cuarenta minutos, aproximadamente, que tuvieron y tocaron temas de sus cuatro placas discográficas. Su música es un rock and roll marchoso con riffs pegadizos de herencia AC/DC. Sobre el final Luciano comentó que la Flying V que estaba usando era de su padre, el querido y recordado Norberto “Pappo” Napolitano, lo que arrancó los aplausos de los que estaban dentro del estadio.

Siguió el turno de Tren Loco, encargados de darle más distorsión al asunto. Su show fue corto pero muy contundente, buen sonido y mucha empatía con el público que festejaba la proclama del vocalista: “Muerte a la cumbia y al reggaeton”. Antes del final, Gustavo Zavala pidió no olvidarse de Julio López y cerraron su set con el tema “Tempestades”. 

Whitesnake 

La banda, comandada por David Coverdale, asaltó el escenario a las 19.15 presentando su última placa Forevermore. El show arrancó con “Best Years” y puso a saltar a todo el campo hasta el cuarto tema que fue la famosa power ballad “Is This Love” que bajó un poco las revoluciones. Contaron con un sonido fuerte y nítido donde la batería de Brian Tichy parecía querer partirte la cabeza al medio.

El talentosísimo guitarrista Doug Aldrich recorría el diapasón de su Gibson con velocidad de vértigo pero siempre teniendo en cuenta la melodía que lo caracteriza. Por su parte, Coverdale, que dicho sea de paso debe ser el vocalista de rock que más veces usó la palabra “love” en sus canciones, se paseaba por el escenario con la soltura que da tener casi 40 años sobre el mismo. Su voz sigue emocionando y, además de cantar y hacer cantar, se encargó de firmar una bandera argentina que le tiraron y oler una ropa interior femenina que también provino desde el público. Puro carisma.

Llegando al cierre de su set sonaron dos clásicos de la banda: “Here I Go Again” y “Still Of The Night”. Pero no terminó ahí, David cantó a capella “Soldier Of Fortune” e hicieron un mash up de “Burn” y “Stormbringer”, temas de su pasado en Deep Purple, que hizo delirar a la multitud. Final y saludo, la serpiente ya había dejado su veneno. 

Judas Priest 

Si el sonido del Heavy Metal nació con Black Sabbath, los Priest se encargaron de endurecerlo y además de darle una imagen al género. Por eso tanta gente venía a decirle adiós a una banda tan importante e influyente que dejó grabado su nombre con letras doradas en la página del rock. Pero es una despedida de giras mundiales, ya que la banda prepara nuevo disco.

A las 21 en punto, como buenos ingleses, “Rapid Fire” dio inicio a la fiesta. La banda se encargó de recorrer temas de toda su carrera, recuperando joyas como “Starbreaker”, “Never Satisfied” o “Turbo Lover”. Rob Halford se mostró en buenas facultades vocales, tirando agudos que ya son su marca registrada e interactuando mucho con el público. El dúo guitarrero conformado por Glenn Tipton y el nuevo Richie Faulkner ejecutaron con precisión esos riffs que ya están marcados en el ADN de varias generaciones. Gran trabajo de Richie mostrando oficio y carisma, parece que hubiese estado toda la vida en la banda.

Sobre el final cayó “Breaking The Law”, que fue un karaoke masivo ya que Halford no entonó ni una palabra, dejó todo en manos del público; siguió la arrolladora “Painkiller” después de un corto solo de batería de Scott Travis y para el final, “You´ve Got Another Thing Comin´” y “Living Alter Midnight”.

Más de dos horas a puro Judas Priest, que dejó al público con sensaciones encontradas: por un lado, la felicidad ante tal demostración de poder, y por otro, la tristeza de saber que quizás sea su última visita. Pero tal despedida, sin dudas, estuvo a la altura de su leyenda.

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