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El sábado 24 de junio, recién comenzado el invierno, se celebró en el barrio Güemes la Fiesta de San Juan. Organizada principalmente por los talleres del teatro La Luna –presente en la zona desde hace 24 años- y el cineclub La Quimera, contó en esta oportunidad con la presencia de diversos artistas, muchos de ellos vecinos del teatro. También participaron de la celebración las convocantes bandas Cimífugas, Diente de León, Marianela Chamella y Quieto Poliéster, que dio cierre al encuentro.
De dónde viene el festejo
La Fiesta de San Juan, de raíces paganas, es una antigua tradición del norte de Europa que, con el tiempo, fue popularizándose en todo el viejo continente para llegar a América a través de España. En ella, el encendido de hogueras es el rasgo típico. Celeste Maldonado, una de las organizadoras, nos explicó el espíritu de la celebración: “La Fiesta de San Juan es la quema de todo lo viejo, para dar paso a la renovación, a lo que vendrá.”
La edición 2011 del festival fue, junto con la del año pasado, una de las más grandes en mucho tiempo. Y es que también se busca rescatar esa tradición del barrio, bastante olvidada. Por eso, desde la organización, se invitó a los vecinos a participar para reforzar el sentido de comunidad y revivir el espíritu barrial y, a través de medios como Facebook, se propuso al público general que llevase aquello que quisiera quemar.
La fiesta
Aquel sábado helado, a las 19 hs., en la esquina de Achával Rodríguez y Pasaje Escuti, la gente seguía llegando. El público en ascenso –tanto del barrio como de otros lugares- era francamente amplio: niños, jóvenes, señoras, bebés, ancianos, y los clásicos compañeros caninos. En la intersección, sobre un terreno baldío, se acercaba el momento de encender la primer fogata, cuyo combustible constaba de diversos elementos. De entre ellos sobresalía la maqueta de madera de una casa, símbolo de la pérdida de identidad del barrio debido a las demoliciones y a la masiva construcción de edificios.
A la expectativa del inicio, el murmullo de la gente era incesante y la atmósfera estaba teñida de distraída espera. De súbito, los tambores de la Comparsa Afro de Córdoba interpelaron a todos, en el momento en que se encendía la primera fogata. El instante siguiente, de conmoción y silencio, fue sucedido de aplausos y vivaces exclamaciones. Las grandes llamas parecían hipnotizar a la gente, acompañadas de la irresistible cadencia del ritmo. Por sobre las cabezas, varias manos sujetaban cámaras y celulares, en un intento por capturar la inefable magia del momento.
La segunda fogata fue encendida poco después, mientras cesaba el ritmo africano y la multitud se dirigía a la siguiente posta, metros más adelante, en el pasaje Escuti. Alrededor de la hoguera, la concurrencia, inmersa en el festivo y hechizante clima, no pudo más que dejarse llevar por el repentino canto del Coro del Teatro La Luna que, si era posible, embelesaba aún más los sentidos. Muchos arrojaron a las llamas sus deseos, con la certeza de la esperanza alimentada por el fuego.
La calle encantada
Una a una fueron encendiéndose las fogatas a lo largo del pasaje, en torno a las cuales actuaron los músicos del Taller de Percusión del Teatro La Luna, y el Ensamble de Cajones Singuí Ngtúmy. También realizóse una intervención teatral inspirada en la invasión inmobiliaria, en la que una casa reñía con un edificio.
Alrededor de las 22 hs., frente al teatro, el grupo Panambí Verá, integrado por vecinos, bailó ritmos paraguayos, entre los que brilló la “danza de la botella”. En ella, las bailarinas llegaron a llevar hasta diez botellas sobre sus cabezas, ante las atónitas miradas.
Cerró el segmento de bailes el ballet de danza boliviana Raza de Bronce, también formado por vecinos del Teatro. En la terraza de la casa frente a La Luna, se hallaba montado el escenario en el que a continuación tocarían las bandas y bajo el cual, en plena calle, estallaría una genuina fiesta pública.
Desde allí, Cimífugas dio inicio al recital múltiple. “La idea es involucrar a la gente del barrio”, nos dijo el organizador Juan Maristani. Pero aquella noche de expiación y alegría el objetivo fue ampliamente sobrepasado: todos los presentes, con una imborrable sonrisa en el rostro, reinventaron el sentido de comunidad.
Hermosa fiesta, hermosa noche de San Juan!