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Retenciones al teatro

Mi Batimento, la columna de Sergio Chalub.
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Encolumnados 2010
Encolumnados 2010
  • T: Sergio Chalub

Es sabido que Europa atraviesa una crisis económica cuyo límite es impredecible. Sobre un espiral hacia abajo, desfilan una detrás de otra, actividades derivadas de la industria, el comercio, el agro, la manufactura y las mismas finanzas, excepto la cultura. El teatro, por ejemplo, vive un período de bonanza, pero sus beneficios no llegan a los productores.

En España, el caudal de público que consume productos teatrales no ha disminuido, por el contrario, está en aumento, según registra la Asociación de Empresas de Teatro. La causa de este fenómeno se debería a la calidad de la oferta teatral y a que sencillamente la cultura es una vía muy efectiva para el esparcimiento, entre tanta incertidumbre.

Paradójicamente, el Estado es el que pone en riesgo la prosperidad del teatro español. Sucede que la mayoría de las producciones que están en escena son de origen privado, pero suben a escena en salas de dominio público. Las demoras de las salas oficiales en poner a disposición de los empresarios la recaudación de las boleterías, es lo que amenaza la continuidad de nuevas producciones, e incluso pone en riesgo las que ya están en escena. La dilación de las administraciones impide que los empresarios puedan pagan los sueldos de las compañías y gastos de producción. Las sumas que se conocen son muy importantes; por ejemplo, al empresario teatral Jesús Cimarro le retienen 850 mil euros, y a su colega Juanjo Seoane le demoran unos 500 mil euros.

“Cuesta mucho crear hábitos teatrales y muy poco destruirlos”, sintetiza Daniel Martínez de la federación de empresas teatrales de España. En un reciente comunicado, la Unión de Teatros de Europa instó a la administraciones públicas a “vislumbrar maneras de vivir la crisis sin matar el futuro”, evitando pedir sencillamente que liberen los fondos retenidos, los que de serían desviados para fines extra culturales.

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