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Fenix Studio
En los inicios de esta década me tocó participar, en un festival de teatro que se llevó a cabo en la ciudad de Mar del Plata, de una experiencia llamativa y agradable. La misma consistía en ver una obra de teatro y después los periodistas subíamos al escenario y, en vivo y directo, hacíamos la devolución de lo que habíamos visto, con los protagonistas sentados en el lugar que después ocuparía el público.
Dos semanas atrás, me tocó estar sentado en un cómodo sillón, con un vaso de cerveza en la mano presenciando un ensayo de la banda cordobesa, Muñeca Plana. La banda se formó en la ciudad de Córdoba hace siete años, tiene un disco en el mercado que lleva por título La ruta natural y su nombre remite a dos significados diferentes. El primero es que la hermana del cantante y guitarrista tenía una muñeca que no se podía parar y el segundo remite a muñeca por lo bella y plana por lo terca.
Lo que estaba escuchando en ese momento, en un departamento convertido en sala de ensayo, era lo que habían tocado cuando les tocó ser la banda que cerró la presentación de la película Luca de Rodrigo Espina, en 990 Arte Club y lo que les significó ser la banda seleccionada para abrir un importante festival que organiza una marca de cerveza.
Ahí comencé a pensar en cómo explicarles que tienen que dedicarse al reggae, que es lo que mejor les sale y que la formación tal cual la estaba viendo no tenía que alterarse. También pensaba en lo que había pasado en el festival de teatro cuando uno de los actores increpó a un colega porque no lo sentía con capacidad intelectual para criticar su obra. Encima esa noche ese grupo llenó la sala, cosa que no venía sucediendo.
Es ahí cuando siempre me acuerdo de Lester Bangs, el crítico que interpreta Phillip Seymour Hoffman en la película Casi Famosos. Él decía que no hay que hacerse amigo de los grupos o solistas, porque cuando compartís algo más que el tiempo que dura la tarea periodística, ellos ya te consideran tu amigo y si después lo que decís o escribís no les gusta, te convertís en el enemigo. En este caso, estaba solamente escuchando una banda que no había tenido la oportunidad de ver en vivo y no estaba nada en juego. Era simplemente un intercambio de opiniones entre un grupo de personas que tienen una sola coincidencia: el amor por la música.
Tal vez, experiencias como la que me tocó vivir en Mar del Plata y que reviví con los chicos de Muñeca Plana se lleven a cabo más seguido, porque es un aprendizaje para ambas partes o, al menos, de mucha utilidad para mí.
Antes de cerrar esta columna, como si fuera una carta o escrito entre ejecutivos o abogados, aprovecho la ocasión para agradecerle a Muñeca Plana la gentileza que tuvieron de invitarme a vivir la experiencia que traté de narrar en los párrafos anteriores. Espero que la próxima vez que repitan esta experiencia sea con un crítico de verdad sentado en el mismo sillón y con la cerveza a igual temperatura. Por lo pronto, les deseo lo mejor para su despedida de año, que va a ser el 07 de diciembre en 990 Arte Club.