carlos rolando

Los Natas y Pez: un orgasmo en Casa Babylon

En Clave de Rock por Carlos Rolando.
Fotos
Encolumnados 2010
Encolumnados 2010
  • T: Carlos Rolando

Martín Toledo, un teórico amigo, siempre me habla del estado de rock, de ese momento que es muy difícil de explicar pero que uno lo vive y lo siente. Muchas veces (pasa en la cama), teniendo relaciones con una chica que te declara su amor mientras suena un disco; en otras ocasiones, se da en un estadio pegándote con las fuerzas del orden para pugnar por un lugar que te deposite en las manos de la banda que fuiste a ver y por la que ahorraste dinero y esperaste durante mucho tiempo; otras, cuando entrevistás a una persona que oíste y leíste la mayor parte de tu vida; y otras, cuando se da una programación musical que te produce placer por el solo hecho de leer o escuchar la publicidad.

Para otros, el estado de rock también puede estar dado por la música más el agregado de sustancias que siempre estuvieron en el rock. En efecto, muchos entraron no por lo que la música significaba sino porque el rock liberaba de toda culpa a los pecadores. Mi entrada al rock fue por la música y por buscar ese estado de rock que sólo ese sonido me produce.

Con el tiempo otros estilos me lo fueron brindando, pero nada se compara con ver en un mismo escenario a Los Natas y a Pez. En ocasiones, los estados de rock están ligados a productores como Héctor Emaides -más conocido como “El Perro”- quienes no sólo buscan un rédito económico sino también sentir lo que están haciendo.

Recuerdo que mi primer contacto con este personaje fue cuando yo venía cubriendo la primera gira de Las Pelotas y llegué a Córdoba. La banda, que en ese entonces lideraba Alejandro Sokol, había sacado Corderos en la Noche. El disco todavía no estaba en todas las disquerías y ese señor ya los estaba produciendo en esta provincia. En esa gira tuve el famoso estado de rock.

Estábamos en los camarines. Las Pelotas subían por primera vez a tocar y Germán Daffunchio abrió una ginebra y brindó por el espíritu de Luca. En ese momento fue como si Luca me estuviera hablando. Sobre el escenario, Germán y Alejandro lloraban como si fueran niños. Son momentos que no se pueden describir con palabras, porque el corazón late más fuerte de lo habitual y te pone una especie de cerrojo para que esos duendes queden en uno.

Siempre que cito a mi amigo Martín Toledo y quiero explicar lo que es el estado de rock, recomiendo escuchar “Rock and roll” de la Velvet Underground. En esta letra, Lou Reed narra la historia de Jenny, una chica que a los cinco años ya sabía que a su vida la iba a salvar el rock and roll. The Who fueron mucho más lejos e hicieron un disco como Tommy, en donde también se pone al rock como salvador.

En todas mis rupturas sentimentales, cuando le quería explicar a la chica que estaba conmigo qué era un estado de rock terminábamos peleando; porque caíamos en la discusión fácil acerca de que este fenómeno era la excusa para tomar un par de cervezas de más o para saltear una reunión con los amigos de ella.

Siempre el rock estuvo ligado a la mujer, a pesar de que es un estilo sumamente machista. Siempre el rock se pierde cuando uno sufre una ruptura sentimental. Grandes músicos perdieron su inspiración por espacios prolongados de tiempo después de que una chica los dejara. Esa búsqueda del estado de rock siempre es todo un desafío. Cada vez que en alguna marquesina o en una publicidad radial se anuncie a Los Natas y a Pez juntos, inmediatamente voy a sentir un estado de rock.

Si alguien quiere saber cómo estuvo esa especie de festival, que busque en otro lado. Mi cabeza no puede hilvanar un comentario. Entró en estado de rock. Si una chica no entendió lo que significa esto, siempre habrá una mujer dispuesta a mostrar sus partes púdicas a cambio de una tarifa pautada de antemano. Porque esto también es rock. Esto también es un estado de rock.

Sumá tu opinión ✍