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Fenix Studio
- Hay una manera de relacionarse, Tomás, que no implica necesariamente estos ataques.
Consuelo me sugiere una tregua, un nuevo código para comunicarnos del que sólo conservo recuerdos borrosos de una época enterrada bajo los escombros del presente. Repentinamente ella construye una ilusión en el aire, con la pedagogía de un afecto que anhelo.Hace tres horas que estamos sentados en su balcón, son las cuatro de la mañana y ella ya tomó una decisión.
- Me voy a dormir. Te quedás?
***
Toda la felicidad que los hombres buscan está en tu espalda, Consuelo, en el diminuto espacio entre tus hombros que yo intento conquistar con mis ansias. Vos me pedís que no moleste, que te querés dormir, que estás cansada. Que dentro de algunas horas tendrás que despertarte, que hay que trabajar.
Yo no quiero ir a trabajar, vos lo sabés pero insistís en tu personaje, ése que me conduce y me enseña. Me quiero quedar entre tus piernas toda la mañana, yo me quiero quedar a vivir en tu pecho hasta que pasen las dos semanas que -según dicen- duran mis enamoramientos más feroces.
Me decís que no te moleste, que me saque la remera, que te abrace por detrás. Me hablás con tu voz que llena el aire y te dormís. Yo quiero acatar tus pautas pero vos todavía no conocés mi enorme incapacidad por respetar tu voluntad. Me debato entonces en mi interior, diciéndome que debo obedecerte, pero la ficción que me construyo a veces toma una magnitud colosal e imposible de controlar. Esta vez parece adquirir la forma de una ensoñación y sin darme cuenta me he olvidado de todos tus pedidos y estás frente a mí, resistiéndote a mi boca, recordándome que sólo íbamos a dormir.
- Yo te voy a enseñar a dormir
Tu voz me confirma aquel desvarío en el que pensé alguna vez encontrar la paz en tu existencia.
- No importa si no podés dormir con nadie más. Conmigo vas a aprender.
Entonces neutralizás mis intentos animales y te das a tu labor educadora, dándome vuelta, abrázándome, durmiéndome.
Soñé toda la noche con vos, soné toda la noche que dormía con vos, soné toda la noche que dormía con vos soñando precisamente que dormía con vos y me despertaba al lado tuyo, adentro de tu abrazo. Pero me desperté solo, en tu cama, mirando el cielo que entraba enorme por tu ventana, por tu balcón. Pensé que te habías ido y me levanté nervioso y desorientado como un perro que se ha perdido y busca a sus dueños. Me vestí con la rapidez de los amantes que quieren escapar y vos desde el baño me saludaste, preguntándome cómo había dormido.
Yo corrí a vos para besarte, pero cuando te vi no pude verme, no pude verme a mí mismo en cada mañana en la que me despierto con cualquier desgraciada, no pude ver el rechazo, la realidad, el fin de la ficción, yo seguía en la película. Quise saludarte con las formas del amor pero vos tenías apuro y terminaste de vestirte.
- Estoy llegando tardísimo a trabajar, alzá tus cosas que tenemos que volar.
No pude escuchar en tus palabras mi propia voz, con la que tantas veces repetí ese discurso diplomático para escapar de esas realidades irreales, de esas nauseas que me encierran y me enferman.
Te pedí un beso con la indefensión propia de mi víctima y me lo diste con mi gesto de escape. No pude advertir, en ese momento, el cambio en los roles, la transposición que me ubicaba en la mira de mi propio objetivo.
***
- ¿Cómo va tu mañana? ¿Estás muy cansada?
- No me molestes.
Una tregua es necesaria, una tregua donde descansar de tanta devastación.